Cómo se destruye un club grande en cinco años
No hace falta una guerra ni una crisis económica global. A veces alcanza con un dueño equivocado, un par de decisiones desastrosas y la incapacidad de reconocer el error a tiempo.

Valencia CF ganó dos Ligas y llegó a dos finales de Champions entre 2002 y 2004. Tenía a Cañizares, a Baraja, a Vicente, a Aimar. Era un proyecto real, con identidad propia y una afición que llenaba Mestalla en cada partido europeo. Veinte años después, el club lleva temporadas peleando por no descender y su estadio nuevo — el que prometieron acabar en tres años — lleva más de una década siendo un esqueleto de hormigón abandonado a las afueras de la ciudad.
¿Qué pasó? Pasó Peter Lim.
El patrón del propietario equivocado
La historia de Valencia es el manual de cómo destruir un club grande en tiempo récord. Lim compró el club en 2014 prometiendo inversión y ambición. Lo que llegó fue lo contrario: venta sistemática de los mejores jugadores, reducción de presupuesto, cambio de entrenadores cada pocos meses y una gestión tan opaca que la afición pasó de la esperanza a la protesta activa en menos de tres años. El estadio nuevo, símbolo de la promesa inicial, se convirtió en el símbolo de todo lo que salió mal.
El patrón se repite en otros casos. La Juventus apostó todo por Cristiano Ronaldo en 2018 — 117 millones de euros, el sueldo más alto de la historia del club — convencida de que eso les daría la Champions que le faltaba. No la ganaron. Y cuando Ronaldo se fue en 2021, dejó un agujero financiero que llevó al club a ser investigado por manipulación contable y a sufrir una sanción de puntos en la Serie A. El proyecto galáctico terminó con la Juve peleando por entrar en Champions.
Los cinco errores que se repiten
Estudiando los casos de clubes que cayeron rápido, hay un patrón casi invariable. Primero: un dueño nuevo que promete demasiado rápido. Segundo: fichajes caros que no encajan con la identidad del club. Tercero: cambios de entrenador frecuentes que destruyen cualquier proyecto deportivo de mediano plazo. Cuarto: venta de los líderes del vestuario por necesidad financiera. Quinto — y el más dañino — : la incapacidad de reconocer el error y corregirlo antes de que sea demasiado tarde.
El Kaiserslautern alemán ganó la Bundesliga en 1998 recién ascendido y en cuatro años estaba en tercera división. El Leeds United llegó a semifinales de Champions en 2001 y en 2004 descendió a la Championship con deudas impagables. El Parma fue campeón de la Copa UEFA en los noventa y declaró bancarrota en 2015.
Lo que ningún club aprende
El problema es que cada directivo que destruye un club lo hace convencido de que su caso es diferente. Que sus cálculos son correctos, que sus fichajes van a funcionar, que el estadio nuevo va a financiarse solo. La arrogancia de creer que el fútbol es predecible es el primer paso hacia el desastre.
Los clubes que sobreviven décadas de altibajos tienen algo en común: una identidad que va más allá de los resultados, una estructura que no depende de una sola persona y la humildad de saber que el fútbol no perdona los errores de gestión con la misma facilidad que perdona los errores en el campo.
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