¿Por qué ya casi no existen los mediapuntas?
El enganche, el número 10 clásico, el organizador de juego entre líneas: una posición que durante décadas fue la más romanticada del fútbol está desapareciendo. ¿Por qué el fútbol moderno no tiene lugar para los más creativos?

Hace veinte años, cada equipo grande del mundo tenía un enganche. Zidane en la Juventus y el Real Madrid. Riquelme en Boca y el Villarreal. Totti en la Roma. Del Piero en la Juventus. Kaká en el Milan. Özil en el Arsenal. La posición del número 10 clásico —el mediapunta que recibe entre líneas, da el pase filtrado, define el juego— era la más valorada del fútbol.
Hoy esa posición prácticamente no existe en el fútbol de élite. ¿Qué pasó?
La evolución táctica que lo mató
El pressing alto, popularizado por Guardiola y Klopp, cambió los requerimientos para todos los jugadores. En un sistema de presión intensa, cada jugador debe presionar, recuperar y hacer trabajo defensivo además de sus funciones ofensivas. El enganche clásico —un jugador brillante con el balón pero limitado sin él— se convirtió en un lujo que los equipos modernos no pueden permitirse.
Riquelme fue el caso más claro. Era posiblemente el jugador más técnicamente dotado de su generación para la posición de enganche. Pero en los equipos que intentaron usarlo en Europa —Villarreal, Barcelona— el sistema no podía protegerlo ni compensar su falta de trabajo defensivo. Terminó siendo más efectivo en la Argentina donde el ritmo del juego le permitía brillar.
El mediapunta moderno: todo y nada
Los jugadores que hoy ocupan esa zona del campo son híbridos. Bruno Fernandes corre y presiona. Kevin De Bruyne baja a buscar el balón pero también defiende. Bellingham llega al área pero también recupera balones. Son mejores atletas que sus predecesores pero tienen menos identidad posicional.
La pregunta es si son mejores jugadores. En términos del fútbol moderno, probablemente sí: contribuyen más al sistema colectivo. Pero en términos de emoción y personalidad individual, generan menos momentos irrepetibles. Nadie verá a Bruno Fernandes hacer lo que Zidane hacía solo con su cuerpo y la pelota.
Los últimos románticos
Isco en el Real Madrid fue el último intento de sostener un enganche clásico en un club de élite europeo. Tuvo temporadas brillantes pero nunca pudo ser titular indiscutido porque los sistemas modernos no estaban diseñados para él. Terminó su carrera sin el protagonismo que su talento prometía.
Pedri es quizás la última esperanza del estilo clásico, aunque ya es un mediapunta que también trabaja en defensa. La posición no desapareció: mutó. Y en la mutación perdió parte de lo que la hacía especial: la figura del artista que no necesita correr porque tiene la pelota siempre.
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